Clint (o un resumen animal de la RNC)

Ahora que está a punto de empezar la convención demócrata en Charlotte (North Carolina), ya sería hora que empezáramos a sacar conclusiones de la republicana en Tampa (Florida), ¿no?

Que la estrella de la RNC fuera Clint Eastwood demuestra el nivel de la reunión de elefantes. En un encuentro en el que los nombres más importantes tenían que ser los de Mitt Romney, Paul Ryan y, en menor medida, Isaac (el huracán, claro está), al final fueron Clint y un actor secundario como Chris Christie (¡qué nombre más gracioso, qué políptoton!) los que triunfaron.

Nos explicamos.

Los elefantes prometieron una sorpresa para su último día de convención, y después de que Newt Gingrich renunciara a ser candidato a pesar del apoyo de Chuck Norris, estábamos faltos de hombres rudos.

Todo debía cambiar gracias a Clint Eastwood (a pesar de lo sensiblón que está en algunas de sus películas –The bridges of Madison county, sin ir más lejos). A pesar de su no-juventud, su dureza es indiscutible. Un tipo que mata por un puñado de dólares no es un Don Nadie. Así que, por “sorpresa”, apareció en el escenario. Pero no lo hizo solo: estaba acompañada de una silla, mobiliario mediático de toda la semana en Estados Unidos. Una silla de estas de monologuista humorístico (incluso el encargado de decoración pensó que era para que el viejo cowboy sentara sus 82 años para descansar). Sí, hizo un monólogo: su show rozó el ridículo más espantoso de su carrera.

Una idea antigua, mal ejecutada y sin gracia. Por la tele se veía a un hombre viejo hablando a nadie, como un abuelo demente. Eso sí: vítores de republicanos entregados, pensando en el toque genial que supone para la moral de los demócratas el apoyo de Clint Eastwood. Y lo hubiera sido, claro que sí, si en lugar de un monólogo pseudo-humorístico hubiera sido un apoyo firme a Mitt Romney. Cuando es más reseñable la presencia de una silla que el discurso, es que algo ha ido mal. Muy mal.

Dicen los que estaban por ahí que Mitt no estaba nada contento. Esperaba algo más serio, y más tras darle libertad absoluta al actor-director: en vez de cinco minutos, doce; si no quiere usar lector de texto, que improvise. Pero a los periodistas díganles que está encantado, que no paró de reir. Lástima que la cara de su mujer, Ann, mostrara lo contrario.

Y razones tenía. El numerito de la silla provocó una oleada de risas incontrolables en la red: la aparición del perfil del Presidente invisible fue inmmediata con la creación de @InvisibleObama, el mayor fenómeno entre los tuiteros interesados en política. 42.000 seguidores en su primer día, más de los que consiguió el #TeamRR de forma conjunta. Tras cuatro días, supera con creces los 67.000 followers.

No quedó ahí la cosa. Hasta el presidente Obama aprovechó la situación, e instantes después de la actuación de la “silla invisible” su equipo mandó un tweet desde su cuenta oficial recordando que, por el momento, la silla de presidente tiene dueño: The seat’s taken. Evidentemente, no fue el único: las imágenes paródicas se multiplicaron por la red, como ésta.

Resumen: que (según nuestra opinión) Clint hizo el ridículo y no ayudó en nada a los republicanos. Pero claro, no se le puede reprochar nada a un tipo que tiene en su honor una canción tan chula como ésta.

***

Tras los minutos musicales, seguimos con el resumen.

El encuentro de Tampa tenía que encumbrar a Romney como el salvador de la patria. Era el momento de desprestigiar el “change” y el “hope” de Barack Obama. Tras seis años de travesía, por fin llegaba su momento y dejaba atrás su pasado empresarial para ser el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos. Y sí, claro, fue su proclamación y la de su pareja, Paul Ryan. Pero su discurso fue insulso, poco emotivo, excesivamente preparado y cuadriculado. Por eso las principales portadas se las llevaron otros.

A pesar de que todas las papeletas para ser el gran triunfador las tenía Marco Rubio, la gran esperanza latina de los republicanos, sobresalió otro nombre: Chris Christie.

Tras este nombre gracioso se esconde el obeso, impetuoso y ególatra gobernador de New Jersey. Tenía el mejor momento de la convención, era el designado para ser el keynote speaker (ya os explicamos que significa aquí). Y lo aprovechó para presentarse en sociedad, para que nadie tenga duda que, en 2016, él quiere ser presidente de los Estados Unidos.
El primer síntoma de eso: trascendió que él era el elegido por Mitt para ser su vicepresidente, y que se negó para tener más opciones de presidencia dentro de cuatro años. Era la primera opción; Ryan se convirtió de la noche a la mañana de pareja perfecta a segundo plato complementario. Una deshonra.
Segundo síntoma: su discurso.

Para los que no tengáis 25 minutos, os resumimos lo que dice: blahblahblah, yo, blahblahblah, yo. Egocentrismo exacerbado, desbocado. En un discurso que debía ser la hoja de ruta de los republicanos para el periodo electoral, “olvidó” mencionar al candidato hasta el minuto 20 de discurso. Y, cuando lo hizo, sólo dijo “Romney” siete veces. No sólo eso: se atrevió incluso a contradecir a la esposa del candidato.

Minutos antes, Ann Romney centró su discurso de (futura) primera dama en el “amor”. Amor al país, a su esposo, a la familia… Un discurso emotivo, de lágrima fácil, del ejemplo de mujer valiente y fortalecida que lucha contra las dificultades de la vida gracias a su fe, su fuerza y su marido.
Minutos después llega Christie, 130 kilos de peso (estimados, nunca confesados), y a las primeras de cambio dice que los republicanos “choose respect over love”. Zasca, y se queda tan ancho. Bueno, quizá lo de tan ancho no ha quedado políticamente correcto…

***

¿Y Ron Paul? Bien, gracias por preguntar. Aunque, la verdad, quizá está mejor que bien. Evidentemente, no por el hecho de que fuera excluido de la convención, abandonado por los que consideraba de su partido. O quizá sí: la supresión de su discurso del programa oficial propinó que todos sus fieles (hablar de seguidores es poco para el fervor que despierta entre los jóvenes) asistieran sin dudarlo a su presentación alternativa.


(Su discurso empieza en el 8’36”)

Suponemos que no hace falta que recordemos quién es Ron Paul. Pero, para los despistados, un breve resumen: libertario, supresión de impuesto sobre la renta y la Reserva Federal, abandono de cualquier intervención militar. Su propuesta, “radical”, encanta a los jóvenes americanos. Tanto, que por mucho que sean republicanos, dificilmente votarán a Romney: ellos forman parte de la RePaulution, son Paullowers. Lo que demuestra una mala gestión del asunto “Paul” por parte de Mitt: seguramente, si les hubiera dejado un espacio en la programación “oficial” de la convención, podrían haberle votado. Seguramente se hubieran comportado como niños: les dejas su juguete a cambio de que se coman la verdura.

Lo interesante del tema: ¿qué harán si en 2016 se presenta su hijo, Rand Paul?

Por cierto: al final consiguió 190 delegados, saliendo vencedor en Iowa, Minnesota y Nevada. A mucha distancia de los 2061 de Romney.

***

Dos detalles antes de irnos:
1. Una reunión de elefantes sin cacahuetes no es reunión ni es ná. Lástima que, en lugar de comerlos, los lanzaron a un camarógrafo negro de la CNN, al grito de “Así es como damos de comer a los animales”. Hay energúmenos en todos lados. Fueron expulsados, claro.
2. Los republicanos han sido los primeros en inaugurar la compra de Trending Topics de la campaña: hicieron que, el jueves, la etiqueta #RomneyRyan2012 permaneciera como tema más comentado de twitter. No se sabe cuánto pagaron por ello, pero según la tarifación de Twitter de diciembre de 2010 el precio mínimo era de 120.000 dólares.

(Si queréis ver todos los vídeos de la convención republicana, con los discursos y mejores momentos, los encontraréis aquí)

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