Kansas. (Léase Cansas).

Siguiendo un camino de baldosas amarillas nos encontramos con Dorothy, una niña con zapatos rojos y su perro Toto. Nos habló de un mago en un reino, de un hombre de hojalata, de un león sin corazón, de un espantapájaros… No paró de repetir algo así como que ya no estaba en Kansas sino sobre el arcoiris. Una chica un poco rara: le deseamos buenos días y seguimos nuestro camino hacia Topeka, la capital.

Kansas está en el centro más céntrico del país. Si miráis el mapa, lo podréis comprobar. Y hace mucho viento, mucho. Ya nos advirtió Dorothy, que a ella le pasó algo con un ciclón o un tornado… Nosotros, por suerte, no tendremos ningún problema: con una media de 5 toneladas de peso por cabeza, no saldremos volando. Así que nos quedaremos comiendo trigo y destrozando girasoles, que aquí hay muchos.

Sobre los caucus. Teniendo en cuenta que los territorios áridos no son propensos a votar por Romney, diríamos que tiene todas las de ganar Santorum. Además, que Rick está muy puesto en las primarias que tienen que venir; todas por territorio sureño. Pero cuidado con Gingrich, que puede aparecer cuando menos te lo esperas… ¡A saber quién se queda la mayoría de los 40 delegados en juego!

Por cualquier sitio por dónde pasamos suena esta canción. ¡Qué pesados!

No intentéis llamar a los habitantes de Kansas kansados ni kansinos. Se enfadan.

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